Tres hábitos que pueden dañar tu reputación

“Un hecho dice más que mil palabras”, reza el antiguo y sabio refrán.

Cuando conseguiste ese ansiado trabajo, prometiste ser un ejemplo de motivación, trabajás duro y, sin embargo, pareciera que siempre hay un problema con tus tareas o tu actitud, algo está pasando y tenés que buscar la causa que lo genera.

En general, las pequeñas cosas cotidianas son las que dañan tu productividad y tu reputación. Incluso muchas de ellas son gestos y actitudes inconscientes, que terminan por afectar lo que los demás perciben de vos en el trabajo.

Estos son algunos de los hábitos que pueden estar dejándote mal parado en la oficina:

Llegar tarde: la puntualidad es el hecho inconsciente más común de todos. Está el que siempre llega tarde y construye su reputación de poco confiable, casi sin quererlo. Está el que llega tarde por un motivo distinto cada día, y el que prepara todo con antelación y, sin embargo, parece no poder cumplir con la tarea más simple de todas: llegar a tiempo al trabajo. Esto puede esconder problemas de motivación, una desorganización entre la vida personal y laboral, un esfuerzo extra para movilizarse –si vivís lejos de tu trabajo- o mil razones más. Pero la realidad es simple: sea cual sea la razón, la puntualidad te va a ayudar a mejorar tu reputación.

Quejarte: hay personas que son naturalmente quejosas, que entran a la oficina hablando del ascensor que no funciona, que protestan por el nivel del ruido o se enojan ante cada tarea que reciben. Ningún ambiente laboral es perfecto y si siempre vas a ver el vaso medio vacío, vas a ser reconocido simplemente por eso. Toda la energía que deberías dedicarle a tu carrera y a tu productividad en ese trabajo que tanto querías se pierde en protestas. Tus compañeros y tu jefe notan esta actitud y piensan exactamente lo mismo: ¿por qué trabaja acá si todo le molesta? Proponete mirar las cosas con mayor optimismo, buscando encontrar las cosas positivas antes que las negativas y así podrás deshacerte del quejoso que daña tu reputación.

Olvidarte del trabajo en equipo: la imagen del que se vale por sí mismo es buena si la necesitás para concentrarte, pero el trabajo solitario socava el compañerismo y la camaradería necesarios para tener éxito en cualquier ámbito laboral. Todos necesitan apoyo y cooperación de los demás y aún la más individualista de las posiciones precisa de una ayuda o un gesto de respaldo. La fama de ser el que no tiene amigos o la que no habla con nadie hace muy mal a la reputación. Buscar una buena performance individual no significa aislarse del resto del equipo. Si naturalmente tendés a la soledad, buscá la forma de equilibrar tu forma de ser experimentando también qué significa pasar tiempo de trabajo o de ocio con tus colegas.

Si identificaste alguna de estas actitudes en tu vida y en tu desempeño diario, resulta muy útil reflexionar sobre cómo aparecieron para que puedas cambiar el chip, convertir los problemas en una oportunidad de mejora y hacer que tu reputación sea el motor de tu crecimiento profesional.

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