El siguiente es un caso de lo más común: una persona no está contenta con su trabajo. Siente que le pagan por debajo de lo que querría, que las metodologías de trabajo son anticuadas e ineficientes, o que su posición y sus responsabilidades no lo hacen sentir motivado y con ganas.

Por lo general, lo primero que se nos viene a la cabeza ante este escenario, es “tengo que buscar un nuevo trabajo”, pero en realidad, existe otra opción... 

Hablar con tu jefe

Sentarte con tu jefe y comunicarle que no estás satisfecho con tu trabajo es difícil, pero es una conversación que vale la pena tener por varios motivos.

Primero, y aunque quizás no resulte en un aumento inmediato de tu sueldo (aunque nunca se sabe), sentarte con tu jefe y conversar juntos sobre lo que te está pasando te permitirá saber si realmente tenés un buen empleador, que te escucha, se preocupa por vos y busca ayudarte. Pasamos muchísimo tiempo en el trabajo, por lo que necesitamos estar en una atmósfera en la que podamos sentirnos cómodos y valorados. 

Si lo que te está incomodando son las formas de trabajar en tu empresa, hablar con tu jefe y llevarle nuevas propuestas es la mejor manera de generar un cambio. ¡Quizás tu jefe ni siquiera sabe que hay mejores formas de hacer las cosas! Además, este tipo de propuestas demuestran tu personalidad proactiva y tu preocupación por tu trabajo, dos cualidades muy valoradas por cualquier empleador.

¿Cómo prepararte para esa charla con tu jefe?

1. Tené en claro lo que querés lograr

¿Querés un aumento? ¿Más responsabilidades? ¿Apoyo en tus tareas? Tené una meta clara en mente de lo que te gustaría lograr. Sentarte con tu jefe simplemente a quejarte no va a llevar a ningún lado.

2. Reservá el tiempo necesario

Para esta conversación, vas a querer toda la atención de tu jefe. Organizá un momento y un espacio en que ambos puedan hablar tranquilos.

3. Andá preparado

Con tu objetivo definido, tenés que prepararte un poco para justificar tu reclamo. Si sentís que te están pagando poco, investigá sobre el salario promedio del mercado. O prepará un detalle de cómo agregás valor a tu equipo y cómo una promoción tendría sentido en base a tu trabajo y a los resultados obtenidos. Asegurate de siempre llevar ejemplos concretos.

4. Cuidá las formas

Planteá una conversación con mentalidad positiva, con la expectativa de que lo que hablen llevará a mejoras en tu situación. Mantené un trato amistoso y no entres en peleas. No veas a tu jefe como parte del problema, sino como una ruta hacia una solución.

5. Peleá con, no contra

Si podés expresarle a tu jefe que estás confiando en él y buscando apoyo, en vez de criticándolo a él o a tu equipo, es mucho más probable que te ayude. No hables de errores del pasado, sino de propuestas o ideas para trabajar mejor a futuro.

6. Ofrecé algo de tu lado

¿Querés un aumento? Preguntá qué más podés hacer para merecerlo. ¿Querés cambiar un método de trabajo? Proponé sugerencias de mejora. Tu jefe puede ser un compañero, un mentor, pero no un padre.

7. Nadie es perfecto

Si planteás que vos hacés todo bien y el problema son los otros, vas a perder toda credibilidad y cualquier posibilidad de lograr un cambio. Si tu jefe te presenta alguna crítica, escuchalo y procesá lo que te está marcando. No lo tomes como un ataque personal, sino como una oportunidad de mejora. 

8. Tenemos dos orejas y una boca, ¡escuchá!

Los jefes tienden a ver las cosas de manera diferente a sus empleados. Por lo general, tienen un ojo en la estrategia de la empresa en lugar de solo lo que está sucediendo en su equipo o en su cabeza. Dejalo hablar. Es posible que las cosas se vuelvan más claras y aceptables para vos cuando tengan la oportunidad de explicarte el panorama general.

¿qué pasa si no funciona?

No todos los jefes son receptivos a este tipo de planteos. Entonces, ¿qué pasa si te sentás a tener esta conversación, le planteás todas estas cosas y aún así no lográs ningún cambio? 

Entonces vas a estar seguro de que, efectivamente, te conviene buscar un nuevo trabajo. Como ya mencionamos, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en nuestros empleos. Por lo que es fundamental que el ambiente y las relaciones laborales sean positivas.