¿Es posible la felicidad en el trabajo?

La pregunta que todos se hacen una vez en la vida. En el mar de métodos, estrategias, ejercicios emocionales, de autoconfianza, de búsqueda espiritual, todos se han preguntado, al menos una vez,si es realmente posible encontrar la felicidad en el trabajo. El mundo de las relaciones laborales, los recursos humanos y la psicología han buscado soluciones y respuestas, a estas preguntas casi existenciales. De este panorama surgen cuatro enfoques distintos sobre las posibilidades de una felicidad plena.

En primer lugar, las numerosas técnicas de psicología positiva proponen que la felicidad parte de uno mismo. La capacidad de ser feliz es algo en principio intrínseco a la persona y no un atributo que tiene que brindar un determinado trabajo. Así, las técnicas que proponen ayudarán al empleado a ser más feliz sin importar el trabajo que tenga. Se refuerzan las emociones positivas en todo ámbito, y no solo en el laboral. Según el psicólogo y conferencista Tal Ben Shahar, quien ha brindado cursos de psicología positiva en Harvard, para encontrar un trabajo que dé sentido a nuestras vidas debemos preguntarnos: “¿Qué le da sentido a mi vida?”, “¿qué me da placer?”, y “¿cuáles son mis fortalezas?”, siendo la primera pregunta la más importante de todas, y a menudo la más olvidada.

Del otro lado del abanico, las organizaciones también buscan revertir la tendencia a la infelicidad. Con un perfil cada vez más humano, muchas organizaciones proponen estrategias para reforzar el reconocimiento a sus empleados, las celebraciones, la “moral alta”, el ambiente de compañerismo, y el empoderamiento del staff. A medida que la sombra de la duda sobre la felicidad se cierne sobre las personas, las organizaciones buscan contrarrestarla con el imperio de la gestión de las emociones.

Si de nuevas tendencias se habla, ¿cómo dejar fuera de este análisis a la generación Y y a los Millennials? Muchos jóvenes se definen hoy como happyshifters . Término acuñado en España en 2009 por Daniel Lyons y Montse Ventosa, fundadores de la firma Employee Branding, Happyshifting, refiere a un nuevo movimiento en el mundo del trabajo en el que el empleo no es una carga ni un sacrificio para las personas sino más bien todo lo contrario. Un happyshifter no puede ser retenido con ningún aumento de sueldo posible. Para ellos importa más la comodidad, el buen ambiente laboral, el reconocimiento de su trabajo y la autorrealización. Se trata de una tendencia que de consolidarse generará un desafío de magnitud en el mundo de las empresas.

Las tres tendencias que hemos citado dan por presupuesto que hay alguna posibilidad de felicidad en el trabajo. Para el filósofo Boris Groys, oriundo de la antigua Alemania Oriental, se trata de un exceso de optimismo. El no tiene ningún prurito en afirmar que vivimos una mentira aleccionadora. Según Groys, una vida llena de deseos y metas a conseguir es simplemente falsa. En una realidad liderada por las verdades del mercado, dependemos esencialmente del dinero para vivir. Ante esta situación ineludible, todos los trabajadores, sean happyshifters , empleados positivos o aquellos de por vida enfurecidos contra su triste realidad, son esclavos de la necesidad inevitable de tener que trabajar para vivir. En este caso, todos los refuerzos positivos para encontrar cueste lo que cueste la felicidad al trabajar, no serían más que máscaras hermosas para mirar a los ojos de la terrible Gorgona, esa que nos dice que la verdadera felicidad no es ser feliz en el trabajo: es, sencillamente, no trabajar.

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