En la salida de la pandemia se está dando un proceso de cambio que adquiere cada vez más fuerza y que plantea a las organizaciones la necesidad de adaptarse a un entorno en movimiento, aún no del todo definido, pero que claramente les impone la necesidad de ser flexibles, de evolucionar. De qué hablamos? De la reconfiguración de lo que buscan y esperan las personas del trabajo.

Esta coyuntura es la que empuja y pone a las organizaciones en la necesidad de adecuar sus Propuestas de Valor al Empleado (PVE), trabajar en lo que transmite su marca empleadora y, principalmente, en los arreglos de flexibilidad que van a ofrecer para poder atraer y retener al talento.

Esos grandes cambios en lo que refiere a lo que buscan y esperan las personas del trabajo es algo que se está viendo claramente en todo el mundo. En Argentina se expresa en una mayor rotación laboral y en EE.UU. y otros países es lo que moviliza lo que se conoce como la Gran Renuncia.

En todos los casos, lo que subyace a este fenómeno es el cambio de prioridades de las personas y la reconsideración de lo que quieren de sus vidas y sus carreras que ha forzado el paso de la pandemia. Por eso los trabajadores están poniendo su realización personal en primer lugar y esto impulsa una mayor disposición al cambio, especialmente en los Millennials y Centennials, pero no porque a los jóvenes les haya impactado de manera particular, sino porque ellos tienen menos ataduras, tienen más libertad para tomar decisiones menos conservadoras para alcanzar sus objetivos. Los que ya peinamos canas tenemos un gap mayor entre los que queremos y soñamos, entre nuestras aspiraciones y las decisiones que tomamos.

Este cambio de mindset, de expectativas y de prioridades por parte de las personas tiene un denominador común, que es la búsqueda de un mayor equilibrio entre el trabajo y la vida personal y se traduce en decisiones de cambio de estilo de vida que empieza a ser visibles en nuestros círculos de amistades y familia.

Se ve cuando nos enteramos de alguien que decidió cumplir el sueño de trabajar desde la playa, pero también puede ser un cambio de trabajo de una empresa a otra, o lanzarse finalmente a encarar un proyecto propio, o el animarse a regresar al pueblo natal gracias a la posibilidad del trabajo remoto, mudarse al sur o simplemente renunciar a un trabajo porque hay que volver al trabajo presencial y la persona no quiere resignar la rutina adquirida en pandemia de ir a buscar a su hijo al jardín.

la felicidad, antes que la seguridad.

Tras el paso del coronavirus, ya no somos los mismos y esa búsqueda de un mayor equilibrio entre el trabajo y la vida personal pesa cada vez más en las decisiones de carrera.

Hace unos días difundimos el informe de una encuesta que hace Randstad en 34 países, con preguntas que justamente buscaban indagar y entender mejor este fenómeno, y ahí aparece claramente la búsqueda de felicidad como driver.

El 25% de los encuestados en Argentina dijo que preferiría estar desempleado que infeliz en su trabajo, frente al 33% que dijo eso mismo a nivel global. A esta pregunta más bien retórica, de escenario hipotético, le siguió una mucho más ácida, preguntando a los participantes de la encuesta si estarían dispuestos a renunciar a un empleo que no les permitiera disfrutar de la vida. El 47% de los trabajadores argentinos afirmó que renunciaría a un trabajo si este le impidiera disfrutar de su vida, en línea con las respuestas obtenidas a nivel mundial que se ubicaron en el 48%.

Estos resultados del estudio son algunos de los muchos indicadores que nos dicen que hay un cambio en marcha y que las personas quieren flexibilidad y necesitan y demandan trabajos que cumplan con sus expectativas de bienestar emocional y realización.

nuevos intereses, nuevas demandas.

Esta mini revolución en ciernes es la que está modelando un nuevo escenario en lo que refiere a la atracción y retención del talento, con una fuerza laboral más empoderada, con nuevos intereses y expectativas que se suman a las anteriores, empujando la redefinición de las condiciones del “contrato social” del trabajo entre los trabajadores y sus empleadores.

Podríamos decir que así como tenemos “la Gran Renuncia”, se está abriendo hoy “la Gran Renegociación”, porque la gente quiere más opciones sobre dónde y cómo trabajar, quiere bienestar, quiere un propósito y una larga lista de etcéteras.

Todo esto es un gran desafío de adaptación para las organizaciones y en particular para las áreas de Capital Humano, que deben evolucionar para evitar la pérdida de talento.

 

Columna de Opinión Publicada en la página 58 de la Edición 1245 (Abril/Mayo 2022) de la Revista Mercado

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Andre avila
Andre avila

Andrea Ávila

ceo de randstad para argentina, chile y uruguay

Con más de 30 años en la industria de los recursos humanos, Andrea Ávila es actualmente CEO de Randstad para Argentina, Chile y Uruguay. Con más de 4,900 oficinas en 39 países y más de 660.000 personas empleadas por día, Randstad es la empresa líder a nivel mundial en servicios de RRHH.

Andrea es abogada por la Universidad Católica Argentina y Magíster en asesoramiento jurídico de empresas por la Universidad Austral. Recientemente cursó el Programa Ejecutivo en Alta Dirección Empresarial de Columbia Business School Executive Education

Como parte de su liderazgo empresarial, Andrea participa activamente en iniciativas en el campo social y actividades relacionadas con la sostenibilidad corporativa y la equidad de género en el ámbito laboral. Entre ellas, se destaca su rol como Presidente de la Mesa Directiva de la Red Argentina del Pacto Global de Naciones Unidas en 2021 y 2022. Además es miembro del Consejo Directivo de la Cámara de Agencias Privadas de Empleo (CAPE), integrante del board de Endeavor Rosario y miembro del Advisory Board del Centro de Estudios en Sustentabilidad e Innovación Social de la Universidad Austral.